Sociedades anónimas deportivas: ¿Solución o capricho? Por Alfredo Espinosa

No es novedoso en estos tiempos decir que el fútbol es un gran negocio, de hecho: lo es; pero con clubes deficitarios, con deudas constantes. Un negocio de algunos sectores donde los clubes y la gente son los más afectados. De esta nota con seguridad no saldrá la solución para esta problemática que no es primicia, pero se pretende aportar datos y hechos a este debate de sociedades civiles vs sociedades anónimas deportivas y ayudar a que cada lector saque sus propias conclusiones.

Allá por 2001 el hoy Presidente de la Nación, Ing. Mauricio Macri, siendo presidente de Boca Jrs. propuso la creación de sociedades anónimas deportivas, proyecto realizado por el Dr. Javier Medin, actualmente integrante de la Comisión Normalizadora de AFA. La votación en el Comité Ejecutivo terminó con un lapidario 38 a 1 en contra.

Pero, jurídicamente, ¿de qué estamos hablando? Para ello, unas breves definiciones sobre estas figuras jurídicas:

Asociación Civil (AC) es aquella entidad privada sin ánimo de lucro y con personalidad jurídica plena, integrada por personas físicas para el cumplimiento de fines culturales, educativos, de divulgación, deportivos o de índole similar, con el objeto de fomentar entre sus socios y/o terceros alguna actividad socio-cultural. Son dirigidas por las autoridades designadas en elecciones democráticas en las que participan los socios del club.

Una Sociedad Anónima Deportiva (SAD) es una sociedad de responsabilidad limitada, de carácter empresarial, cuyos titulares lo son en virtud de una participación en el capital social a través de títulos o acciones. Al tener responsabilidad limitada, los accionistas no responden con su patrimonio personal, sino únicamente con el capital aportado.

El entusiasmo por la SAD viene de Europa, en donde este modelo ha sido adoptado de manera generalizada. En Italia, se incorporó en 1981, en Francia en 1984 y en España en 1990. Cabe destacar que estos países se inspiraron a su vez en el país precursor en la materia: Inglaterra. Ya en 1921, la mayoría de los clubes ingleses eran companías privadas. En 1983, cuando en otros países recién adoptaban el modelo de la sociedad anónima a sus legislaciones, el Tottenham Hotspur cotizaba en la bolsa londinense.

En el sistema de responsabilidad jurídica, la sociedad anónima aparenta presentar más ventajas que la asociación civil. En primer lugar, las sociedades anónimas poseen diversos sistemas de control de los que carecen las asociaciones. La transparencia es el elemento clave en este sentido. Esto alimenta la idea que las asociaciones están desprotegidas en caso de déficit consuetudinario. En efecto, en las asociaciones civiles los socios no responden por las deudas sociales. La sociedad anónima busca que existan responsables en caso de perjuicio económico, lo que conlleva un mejor control de la administración de la empresa.

Ahora, vistas algunas características podemos concluir que las SAD son la solución al problema de nuestros clubes, pero ¿esto es realmente así? Veamos algunos datos y experiencias con este tipo de figura jurídica en otras latitudes.

En España, sólo tres clubes de la primera división no son sociedades anónimas: Barcelona, Real Madrid y Athletic Bilbao. El resto, privatizados, le debe al fisco español más de 500 millones de euros. Desde que se sancionó la Ley del Deporte en 1990, las AC ganaron veinte de las veinticinco ligas disputadas. No hay manera más sencilla de ver que el manejo empresarial de un club nada tiene que ver con el éxito deportivo, sino muy por el contrario. Es cierto que Real Madrid y Barcelona tienen peso competitivo más allá de su administración, pero también que su crecimiento está muy relacionado al aporte de la masa societaria. Por otra parte, muchos clubes tuvieron graves problemas económicos y algunos hasta desaparecieron, como Salamanca, Extremadura y Badajoz. Lejos de ayudar, el modelo de las SAD fue letal: la lógica empresarial indica que cuando no hay buen rendimiento, se cierra.

Sin embargo, existen casos en los que la inyección de dinero puede valorarse como positiva, por ejemplo, Chelsea, PSG o Manchester City pero, en la enorme mayoría de los casos, los empresarios llegan, ponen una enorme cantidad de dinero y luego dejan clubes en ruina. Últimamente, esto sucedió en clubes como Racing de Santander, Leeds, Portsmouth o Málaga.

Según un informe de La Fulboteca, en 2010, se estimaba la deuda total del los clubes españoles en cerca de cuatro mil millones de euros, una cantidad casi cuarenta veces superior a la que hizo que se sancionara la Ley del Deporte. Aquellos que a principios de los ‘90 hablaban de una Liga cerrada, de clubes cotizando en bolsa y de beneficios netos millonarios, erraron en su pronóstico. Todas las SAD del fútbol español deben cifras millonarias y la mayoría ha sufrido descensos y derrotas ignominiosas en las últimas décadas.

En Italia, la situación no es mejor, todo lo contrario. Clubes centenarios como Fiorentina, Napoli y Parma estuvieron a punto de desaparecer por los pasivos inmanejables y hasta los más grandes han tenido serios problemas. Lo mismo ocurrió en Escocia, donde Glasgow Rangers debió refundarse tras años de penurias económicas. Todos son sociedades anónimas.

En Inglaterra, los clubes de la Premier League pertenecen a grupos empresarios y los más grandes han sabido controlar sus finanzas, en gran medida gracias a la casi socialista forma de distribuir los ingresos por televisación. Sin embargo, en los últimos tiempos se dio un fenómeno contracultural que explica el afán del pueblo por controlar a sus clubes. A lo largo y a lo ancho del país, se han fundado instituciones cuyo principal objetivo es oponerse al “fútbol-negocio”. Clubes como FC United o Wimbledon son manejados por sus socios como un manifiesto más allá de los colores de la camiseta.

En Sudamérica, el fútbol privatizado ha tenido resultados dispares. En mayo de 2005, se promulgó en Chile la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales y, un año más tarde, todos los clubes del país trasandino fueron obligados a convertirse en SAD. En 2002, Colo Colo presentó la quiebra, lo que obligó a un cambio estructural que, una década después, no dio los resultados esperados. Los clubes deben fortunas no sólo al estado, sino también a proveedores y a futbolistas.

En Colombia, la situación es similar. Aunque Atlético Nacional (una corporación hecha y derecha) es hoy el campeón hegemónico, el resto de los grandes han sufrido mucho para mantenerse a flote. América de Cali está en la B desde 2011, Millonarios ganó solo un título en los últimos 25 años y el club que para todos es modelo, Deportivo Cali, es el único manejado por sus socios.

Un caso distinto es el de Alemania, donde encontraron una forma para que coexistan ambos modelos. La participación empresaria se limita a máximo el 49% y el resto debe quedar en mano de los socios.

Ahora con los datos ya conocidos sobre el estado de nuestras instituciones y los aportados aquí, ¿cambió realmente para mejor el panorama? ¿Ha servido de algo que ya no existan los socios en los clubes de fútbol sino los accionistas?

A modo de reflexión final, la mayor parte de los clubes de fútbol en el mundo pierde dinero cuando sus ambiciones deportivas desbordan su realidad financiera. No todos pueden ser campeones. Sin embargo, es posible que un equipo de fútbol bajo la forma de asociación civil, manteniendo el propósito y la misión que ellos poseen en nuestra sociedad, pueda ser gestionado con los mecanismos de una verdadera empresa y evitar que terminen en manos de grupos económicos y de poder vinculados a la política, con un desarrollo sostenible y rentable.

Es necesaria la capacitación de los dirigentes en temas de gestión para implementar herramientas que permitan tomar decisiones en el marco de la creación de valor agregado para quienes invierten en esta actividad y la profesionalización de los cargos directivos, sin dejar de lado el espectáculo, el cuidado de la imagen institucional y, por sobre todo, a los socios, a los hinchas, a su gente.

El fútbol y los clubes no son de nadie y son de todos.

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Alfredo Espinosa
Abogado. Profesor de derecho deportivo. Estudió la Tecnicatura de Dirigencia Deportiva en el Centro de Estudios Terciarios de River Plate.
Socio de River Plate.

2 comentarios sobre "Sociedades anónimas deportivas: ¿Solución o capricho? Por Alfredo Espinosa"

  1. La verdad, muy buena nota. Es muy instructiva. Vale la pena leerla y compartirla. Saludos

  2. Muy bien Alfredo, muy preciso.

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